En neurocirugía, el éxito no siempre es visible, ni se mide con cifras. Hay días en los que operar bien, enseñar con calma, tratar con respeto y honestidad con uno mismo tiene un valor incalculable. Y ese valor se resume, muchas veces, en una sensación sencilla y poderosa: dormir tranquilo.
Es poder mirar hacia atrás y saber que:
Dormir mal no siempre es culpa del caso clínico: muchas veces lo que no deja dormir no es lo que se hizo, sino cómo se hizo.
Cuando las métricas externas (premios, cirugías, aplausos) se vuelven confusas o insuficientes, dormir tranquilo puede ser la brújula interna más clara. No necesita validación externa, no requiere test ni auditoría. Solo requiere integridad.
Dormir tranquilo no es un lujo en neurocirugía: es una necesidad moral. Quien opera cada día, enseña cada semana y lidera cada año sin perder el derecho a dormir tranquilo, ha entendido que la verdadera excelencia no se mide en logros, sino en paz.